¿Qué es?

A la lista de opositores presos, hoy se sumaron Luis D’Elía y Carlos Zaninni por el delito de kirchneristas de la primera hora, y a Esteche, dirigente de Quebracho (que, aunque no se escribe con k, también va preso). Además Bonadío pidió el desafuero de Cristina para meterla presa.

El delito fue hacer un memorándum de entendimiento con Irán para que avance la causa AMIA que hace 23 años espera se resuelva la investigación. Ese memorándum fue avalado por el Congreso (agárrense los diputados y senadores que lo votaron, aunque hoy muchos son oficialistas así que zafarán) y por el fiscal que «investigaba» el atentado a la AMIA, que después denunció a Cristina por traición a la patria y se suicidó antes de dar las explicaciones del caso. El memorándum nunca se puso en práctica porque Irán nunca lo aprobó. La denuncia fue desestimada por dos jueces antes de que Bonadío la agarre y siga adelante con esta persecución.

¿Esto es sólo para tapar las cagadas y las políticas de  estado antipopulares de este gobierno? ¿Es para tapar el crimen de Rafael Nahuel, la censura a Víctor Hugo Morales, a Roberto Navarro, a Horacio Verbitsky, y la tragedia (?) del ARA San Juan? ¿Es para tapar la refirma precisional, la reforma laboral, y la reforma tributaria? Lo que sé es que haber formado parte de un gobierno popular es delito en la Argentina. Quienes son opositores viven (¿vivimos?) en libertad condicional. Y si quieren te mandan preso o te matan, como a Santiago Maldonado o a Rafael Nahuel.

Presos políticos, un desaparecido, un asesinado por represión con balas de plomo, cientos de heridos en represiones a jubilados, despedidos y a quienes se manifestaron por Santiago Maldonado. Toma de deuda y negocios con los privados. Relaciones carnales con EEUU. Esto se parece demasiado a la dictadura. Y «si esto no es una dictadura, ¿qué es? ¿Qué es?».

PD: Bonadío fue apartado de la causa AMIA por encubrimiento, y fue denunciado por Nisman, fiscal de la causa AMIA, por haberlo amenazado de muerte.

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Boletos de acá y de allá

Ya he escrito en entradas anteriores los alcances de la ficción en los diarios («Periodismo fantástico: de la información a la ficción»). Aunque no era mi intención profundizar en el tema, en La Nación de ayer domingo apareció un artículo que sobrepasa los límites de la ficción, del buen gusto, de la manipulación y de la inteligencia.

Se titula «¿Por qué los cordobeses pueden y los porteños no?», y fue vomitada por Juan Carlos de Pablo (http://www.lanacion.com.ar/2083434-por-que-los-cordobeses-pueden-y-los-portenos-no, consultada el 20/11/2017). El autor sostiene que no hay razón para que los porteños paguen un trasporte de $6,50 mientras en Córdoba se paga $15,38. Lejos de construir un argumento, de Pablo inventa una conversación con un «experto» francés, Jean Jacques Emile Cheysson, quien convenientemente murió hace 107 (ciento siete) años. Tras dos escuetos párrafos en donde sólo dice que los cordobeses no tienen un sueldo promedio que duplique al de los porteños, arranca la entrevista a Don Juan, como lo llama al final. Si no fuera una ofensa a Soriano, se podría decir que es una devaluada «Llamada internacional», gorila y manipuladora. Lo que intenta hacer a través de la voz de un francés muerto es legitimar el aumento de tarifas, que el gobierno viene haciendo sistemáticamente en servicios de gas, luz y agua, pero que supuestamente no ha hecho en transporte. Claro, lo único que conoce del transporte en Córdoba es su precio (y probablemente del porteño también).

En un primer punto, apela a un análisis de costos, y la gran pregunta es quién debe pagarlo. En su respuesta (la del cronista a través del muerto) da tres alternativas: «los pasajeros, los contribuyentes impositivos a través del subsidio explícito de la operatoria o los tenedores de pesos, a través del proceso inflacionario que se genera si el déficit del servicio se financia con emisión monetaria». Obviamente, entre que paguen los usuarios y que lo paguen todos, elige que lo paguen los usuarios. Si no lo pagan los usuarios, dice, «alguien» pone la diferencia: «cuando algún pasajero no paga, el resto, los contribuyentes o los tenedores de pesos, lo hace. “Solidaridad no votada”, que le dicen». El que pone es el Estado (subsidios), o todos a través de un supuesto proceso inflacionario en el que el Estado imprime pesos para cubrir ese «gasto» (lo cual es sencillamente ridículo; en todo caso, el actual gobierno lo financiaría con deuda).

En un segundo momento, explica que la única razón por la cual hay diferentes precios es por una cuestión política y no económica. Con esto quiere decir «Que estamos delante de uno de esos casos donde, como dice el refrán, “nadie le quiere poner el cascabel al gato”, pero seguramente que la cuestión formó parte de las negociaciones que actualmente está llevando a cabo el Poder Ejecutivo Nacional con los gobernadores». Es decir, en Córdoba hay alguien que tiene las pelotas (y el aval silencioso de los ciudadanos) para poner el precio que corresponde al servicio de transporte. Se escuda en la calidad del servicio que se ofrece, pero como la relación calidad/precio es inexistente en Córdoba, no vale la pena agregar nada.

Es notable como De Pablo intenta manipular a los lectores haciendo gala de su ignorancia y de su cinismo. Ignorancia por que desconoce el funcionamiento del transporte público, y cinismo porque omite al empresariado, y omite los subsidios que reciben las empresas de transporte de Córdoba para proveer el servicio más caro y más ineficiente del país. No sabemos a quién intenta convencer: los lectores de La Nación no usan el transporte público, y no necesitan ser convencidos de que los negros que van a laburar en colectivo o subte tienen que pagar más por el transporte (sobre todo aquellos que viajan del conurbano a la capital, algo que siempre desveló al actual presidente). De Pablo se escuda en un francés que murió hace más de cien años para sostener una política de estado que consiste en darles mayores márgenes de ganancia a los empresarios a costa del bolsillo de los usuarios.

El transporte público de Córdoba es un gran negocio para unos pocos, y lo es hace muchos años. No sólo es el más caro del país, sino que la Municipalidad subsidia la tarifa y ha comprado muchas de las unidades que las empresas utilizan para brindar el servicio. Servicio que es pésimo, y basta con salir a esperar el colectivo para comprobarlo. Algunos esgrimirán que el transporte público en Córdoba es deficitario. En todo el mundo lo es, pero en Córdoba es deficitario sólo para los usuarios, que pagan más de los $15,38 si tenemos en cuenta los subsidios. En los últimos 6 años en los que gobierna el hijo del Chancho Mestre, el boleto aumentó 500%, por encima de cualquier cálculo inflacionario. Los empresarios administran y ganan, nada más. El transporte público no puede ser un negocio. Es un servicio esencial, y como tal lo tiene que sostener el Estado.

La respuesta al título no hay que preguntársela a ningún francés muerto, es más obvia que la estrategia ridícula de De Pablo: primero, la cuestión no es del orden del poder, sino del deber; y segundo, los cordobeses tenemos que pagar el boleto más caro del país porque votamos eso sistemáticamente, porque reelegimos a Chancho Jr después de un mandato de calles oscuras, calles destrozadas, ninguna obra que no fuera el cambio de sentido de algunas calles, aumento de impuestos y de transporte, manejos discrecionales en la concesión del transporte (¿cómo es que ERSA tiene el 75% del transporte cuando no puede tener el 50%, y por qué le dieron a Ciudad de Córdoba una concesión siendo que a los 4 meses declaró la quiebra?) y de la basura, y la creación de un Entes para tercerizar obras con la sola firma del intendente (como la «Revitalización de la Cañada», que si alguien sabe en qué consiste que por favor me lo cuente).

Ahora el intendente puede aumentar el precio por decreto y ya no necesita que lo apruebe el Concejo Deliberante. En marzo, dicen, habrá otro aumento. Seguiremos bancando los cordobeses la fiesta de la FETAP, mientras nos quejamos de lo que ganan los choferes y de lo malo que es el servicio. Seguiremos los cordobeses meando afuera del tarro y dándole letra a los que nos mean a nosotros, ya sea los que gobiernan o los que escriben basura en La Nación o Clarín.

Las penas y las vaquitas

Foto extraída de https://ar.pinterest.com/pin/800374164996764862/

Yo soy la Argentina, carajo, decía el viejo cuando deliraba con la morfina que le daban para aliviarle el dolor. Empezó a identificar a la patria con su vida, tentación que está latente en cualquiera que tenga más de 3.000 hectáreas en la pampa húmeda.
Ricardo Piglia, Respiración artificial

 

El Día de la Tradición conmemora el nacimiento de José Hernández, autor de Martín Fierro, una de las obras fundamentales de la literatura argentina. Según La Nación en su edición digital de hoy, Martín Fierro es «un relato en forma de verso que narra la experiencia de un gaucho, su estilo de vida, sus costumbres, su lengua y códigos de honor»[1]. Esto habla más de La Nación, del espíritu del día de la tradición, y de cómo se construyó una idea alrededor de Martín Fierro.

El poema El gaucho Martín Fierro de 1872 fue una fuerte crítica del opositor José Hernández al gobierno de Sarmiento. Los intereses de Hernández no eran los de las clases populares, pero la defensa del gaucho le servía para apuntar contra un modelo de país y un modelo de modernidad que no era el suyo. Esto se puede ver en los artículos de Hernández publicados los años previos a la publicación del poema. A tal punto era la opresión planteada por Hernández, que Fierro y Cruz prefieren vivir con los indios que en la «civilización» de Sarmiento. La civilización no es otra que la que podemos encontrar en Facundo (obra indispensable de la historia argentina), la que enfrenta a la barbarie (gauchos, indios, negros, el interior en general, los federales) hasta exterminarla por el bien de una nación moderna.

¿Ese es el Martín Fierro que se recuerda como modelo de gaucho? ¿Un rebelde, un desertor, un asesino (diría Borges)? ¿El que reclama por las injusticias, el que sufre la acción represiva del Estado y su corrupción, que le roba su familia, su casa, su libertad?

En 1879 aparece La vuelta de Martín Fierro. Sarmiento ha dejado la presidencia a Avellaneda, y Hernández ahora es diputado y una suerte de antecedente decimonónico de Lanata (¿con Sarmiento era fácil ser progre?). En «Cuatro palabras de conversación con los lectores», prólogo a la segunda parte de la historia de Fierro, dice que éste es «Un libro destinado a despertar la inteligencia y el amor a la lectura en una población casi primitiva, a servir de provechoso recreo, después de las fatigosas tareas, a millares de personas que jamás han leído, debe ajustarse estrictamente a los usos y costumbres de esos mismos lectores, rendir sus ideas e interpretar sus sentimientos en su mismo lenguaje, en sus frases más usuales, en su forma más general, aunque sea incorrecta; con sus imágenes de mayor relieve y con sus giros más característicos, a fin de que el libro se identifique con ellos de una manera tan estrecha e íntima, que su lectura no sea sino una continuación natura de su existencia».[2]

Hernández desea que exista un libro que circule incesante «Enseñando que el trabajo honrado es la fuente principal de toda mejora y bienestar.
Enalteciendo las virtudes morales que nacen de la ley natural y que sirven de base a todas las virtudes sociales.
Inculcando en los hombres el sentimiento de veneración hacia su Creador, inclinándolos a obrar bien.
Afeando las supersticiones ridículas y generalizadas que nacen de una deplorable ignorancia.
Tendiendo a regularizar y dulcificar las costumbres, enseñando por medios hábilmente escondidos la moderación y […] aconsejando la perseverancia en el bien y la resignación en los trabajos.
[…]
Afirmando en los ciudadanos el amor a la libertad, sin apartarse del respeto que es debido a los superiores y magistrados».[3]

 Por momentos, el prólogo firmado por Hernández parece escrito por el Sarmiento de Facundo: «El gaucho no aprende a cantar. Su único maestro es la espléndida naturaleza que en variados y majestuosos panoramas se extiende delante de sus ojos»[4]. En este sentido, en el canto XXXII de «la vuelta», Hernández hace que Fierro aconseje a sus hijos (y con ellos, a sus lectores) para que sean buenos gauchos, modernos y funcionales a las necesidades de la patria (es decir, a la oligarquía), y que sean obedientes:

El que obedeciendo vive
nunca tiene suerte blanda;
mas con su soberbia agranda
el rigor en que padece.
Obedezca el que obedece
y será bueno el que manda.[5]

Claramente, cuando Martín Fierro fue canonizado como poema nacional, se canonizó el Fierro de la vuelta. Los pasajes más citados y recordados son de la segunda parte, generalmente los consejos del viejo Vizcacha y del propio Fierro. Se eligió ese modelo de gaucho (que hacia fines del XIX y principios del XX ya no existía como tal), y se lo asoció al campo como modelo de la argentinidad, frente a las masas inmigrantes que habían llegado a la Argentina, y frente a Moreira, un gaucho urbanizado, heredero del Fierro de la ida, que era una mezcla de héroe con mito urbano entre los inmigrantes y ciertos sectores populares de fines del XIX.

La mejor obra para ver esa construcción de lo argentino asociado al campo y al gaucho que se produce en el siglo XX es Don Segundo Sombra (1926), una novela de iniciación donde un guacho (huérfano) se transforma en gaucho con don Segundo Sombra, un arriero, un gaucho trabajador que conoce mejor que nadie el oficio del gaucho. Al final, el huérfano devenido en gaucho resulta ser hijo de un oligarca y hereda todo (como en novela venezolana). El gaucho se ha transformado en el estanciero, en la oligarquía. Si el gaucho es el modelo de lo argentino, si Fierro es el héroe épico nacional, la oligarquía es su heredera y en ella reside la argentinidad, el ser nacional.

El Día de la Tradición se festeja hoy más que nunca, cuando la oligarquía ha vuelto a conducir los destinos del país. Ellos son los únicos que tienen algo para festejar. Festejan que ya no tienen impuestos, y que el dólar está alto (aunque el tipo de cambio siempre esté atrasado). Festejan que los autos de lujo ya no pagan impuestos. Festejan que el presidente de la Sociedad Rural, quien tiene casusas por esclavizar trabajadores (reducción a la servidumbre), es ministro de Agroindustria. Festejan que la conducción sindical ha escuchado los consejos de Fierro, y obedecen sumisamente a quien manda. Y también festejará el mediopelo al que no le cuesta nada pensarse como parte de una oligarquía que no se cansa de pisarle la cabeza cada vez que puede.

Mientras el ser nacional sea el campo y la oligarquía, mientras ellos gobiernen el país, a la gran mayoría sólo nos pertenecerán las penas.

 

[1] Diario La Nación, http://www.lanacion.com.ar/2081095-dia-de-la-tradicion-la-fiesta-que-recuerda-al-autor-del-martin-fierro, consultada el día 10 de noviembre de 2017

[2] Hernández, José, «La vuelta de Martín Fierro», en AAVV, Tres poemas gauchescos, AGEA, Barcelona, 2001, p. 236

[3] Ob. Cit. pp. 236-237

[4] Ob. Cit. p. 238

[5] Ob. Cit. p. 389

Hacete amigo del juez

Arte: Cape (Facebook: El Cape)

«Hacéte amigo del juez,
no le des de qué quejarse;
y cuando quiera enojarse
vos te debés encojer,
pues siempre es bueno tener
palenque ande ir a rascarse.»

«Nunca le lleves la contra,
porque él manda la gavilla.
Allí sentao en su silla
ningún güey le sale bravo;
a uno le da con el clavo
y a otro con la cantramilla.»

José Hernández, La vuelta de Martín Fierro

El régimen cínico-empresarial va por todo. No bastó con recomponer la brecha entre ricos y pobres, aumentar la desocupación y la pobreza, devaluar y sacar retenciones para favorecer a unos pocos y subir las tarifas para destruir la industria y quitarle poder adquisitivo a los trabajadores. No alcanzó con tomar deuda para cubrir el déficit que ellos generaron, deuda que literalmente pagarán nuestros nietos en 100 años. No fue suficiente con perdonarse la deuda del correo, con darle laburo a los amigos en los sectores clave del Estado para su propio beneficio. Ir por todo no es sólo profundizar la economía neoliberal, profundizar la desigualdad, profundizar su enriquecimiento y la monopolización, profundizar la pobreza y destruir el Estado; ir por todo es quebrar para siempre las bases de un proyecto político que mostró –después de 50 años– que existe una alternativa. Lo necesitan para imponer la flexibilización laboral, la baja de jubilaciones, la vuelta de las AFJP, restituir la impunidad de los represores.

Para esto no basta con ganar las elecciones. La derecha es violenta y antidemocrática por naturaleza. No se puede arriesgar a que, por un abuso de la estadística, vuelva otra vez a haber un gobierno nacional y popular. La destrucción del otro no comenzó el 23 de octubre, ni el 10 de diciembre de 2015. Viene siendo construida desde hace mucho tiempo. De eso se encargan los medios de comunicación. Instalan el odio en la sociedad argentina, el odio entre argentinos, el odio hacia el distinto, el odio hacia el pobre, el extranjero, el «negro», y el odio hacia «la política».

El odio y la mentira hicieron posible la dictadura cínico-empresarial que hoy nos gobierna. El odio a Cristina y todo lo que representa, y las mentiras de Macri en campaña, exacerbadas las primeras y encubiertas las segundas por los medios de comunicación[1]. Y, con el aval de la sociedad, con complicidad de esos medios de comunicación, y con la casta judicial a su favor, se retrocedió en un año y medio gran parte del camino recorrido entre 2003 y 2015. Los dos grandes poderes que el Estado no pudo democratizar durante el gobierno kirchnerista, hoy son los aliados del gobierno de Macri: los medios de comunicación y el poder judicial.

En los últimos días asistimos a la caída de la última resistencia, la última trinchera desde la cual se intentaba sostener un orden institucional. La renuncia de la procuradora general de la nación, Alejandra Gils Carbó, después de meses de presiones y amenazas (que incluyen desde causas judiciales armadas hasta la publicación del teléfono celular de la hija en los diarios y portales de noticias del monopolio Clarín), deja en libertad de acción a la casta judicial y al ejecutivo para seguir persiguiendo a opositores y reprimiendo. Estos eran los que venían a respetar las instituciones.

La dictadura cínico-empresarial sería imposible sin la pata judicial. No sólo por haber absuelto a Macri en su causa por espionaje ilegal (por la cual, en garantías de su derecho, no estuvo ni diez minutos preso), y por no haber investigado sus empresas offshore. El rol del poder judicial es el de perseguir a los opositores. Milagro Sala lleva presa casi dos años por causas excarcelables (como «instigar un escrache»). Milagro Sala es una presa política. Cristina Kirchner tiene causas por políticas económicas durante su gobierno, y por «traición a la Patria» por el memorándum con Irán que avalaron el Congreso de la Nación y quien la denunciara, Nisman. Julio De Vido fue encarcelado a pesar de ser diputado de la Nación, antes de que le tomaran declaración indagatoria. Guillermo Moreno fue condenado a inhabilitación perpetua para ocupar cargos públicos, y sin acusación de un fiscal, lo cual hasta hoy era imposible. Luis D’Elia es perseguido por defender el orden constitucional frente al golpe de estado que intentaron dar las patronales del agro durante el conflicto por la 125 en 2008. Aníbal Fernández fue acusado de crímenes y, junto a Capitanich (casualmente, Abal Medina fue sacado de la causa), tienen una causa por Fútbol Para Todos. Incluso una funcionaria pública que no pertenece al kirchnerismo como la Procuradora General de la Nación, Gils Carbó, jefa de los fiscales, votada por el Congreso de la Nación, fue amenazada y presionada hasta provocar su renuncia ya que era un obstáculo para el avance de la persecución judicial.

Ninguna acusación fue ni será probada, pero ya fueron condenados mediáticamente. Lo que diga la justicia, no saldrá en las tapas de los diarios. (Amado Boudeau fue absuelto en la causa de la venta de un auto en la década del 90; nadie se enteró). De esta manera se cargan a los opositores, los van limando y corriendo del juego. Los destruyen ante la «opinión pública», los desgastan personalmente. Si hace falta sacar el cuerpo de Nisman e inventar una pericia, se hace. Si hay que entrar en la casa de Milagro Sala como un grupo de tareas de la dictadura para llevarla en pijama y pantuflas a la cárcel, se hace. Mientras tanto Macri habla de la independencia judicial que lo absuelve de sus causas, de autonomía de poderes que actúan en una verdadera asociación ilícita a favor de sus propios intereses. Mientras tanto Luis Etchevehere, acusado de evasión y de reducción a la servidumbre (esclavización), y presidente de la Sociedad Rural, es nombrado Ministro de Agroindustria. Mientras tanto Bullrich y Nocetti tienen una acusación por desaparición forzada de persona seguida de asesinato. Mientras tanto la Corte Suprema avala que se aplique el 2×1 a los genocidas. Mientras tanto el milico Aguad dice que los explosivos argentinos que ISIS tenía fueron vendidos legalmente a Siria. Mientras tanto los familiares de las víctimas de Iron Mountain piden justicia y reciben amenazas. Mientras tanto el Estado compra un software de espionaje a Israel para espiar opositores. Pero ellos tienen la absolución mediática. Y probablemente tengan la judicial, ahora que no hay ni siquiera una Procuradora que haga contrapeso en la inclinada balanza de la Justicia.

«Hacéte amigo del juez» le decía el Viejo Vizcacha al hijo de Fierro. No le lleves la contra, él manda. Te absuelve o te condena de acuerdo a quién seas. Busca la verdad o intuye que te ahogaste en el río porque no sabías nadar. Espera los resultados de la autopsia o dice como si nada que el cuerpo de Santiago Maldonado no tenía golpes desligando a la Gendarmería a 30 horas de las elecciones. El resto lo hacen los medios de comunicación. Los que forman parte del monopolio que existe gracias a la Corte Suprema que tardó 4 años en decir que la Ley de Medios era constitucional, que obstaculizó el trabajo del AFSCA para adecuar a la ley al grupo Clarín y que nada dijo cuando, por decreto, derogaron la ley para que Clarín no sólo no se adecúe, sino que cumpla su deseo de tener el cuádruple play.

La persecución judicial es parte de una política de Estado y de una venganza corporativa. Empresarios, medios y jueces en contra de aquellos que le devolvieron la dignidad a la Argentina y cuestionaron su poder. El poder económico, el poder mediático y el poder judicial son las tres patas de la dictadura cínico-empresarial que nos lleva de vuelta al pozo. Una mezcla de los 70 y los 90. La luz al final del túnel se parece demasiado al 2001.

 

Nota del 03 de noviembre: hoy detuvieron a Amado Boudou, en sintonía con lo dicho antes. Cada vez que el gobierno anuncia una medida que retrocede en derechos ganados por la clase trabajadora, ponen preso a algún integrante del gobierno anterior. Acá, una breve referencia al tema de Víctor Hugo Morales: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=1525767924171249&id=118997844848271
En ese mismo sentido, es muy ilustrativo el artículo aparecido en el portal El Destape titulado «Qué funcionarios del gobierno de Macri deberían estar presos con la doctrina “De Vido-Boudou”»: http://www.eldestapeweb.com/que-funcionarios-del-gobierno-macri-deberian-estar-presos-la-doctrina-vido-boudou-n35491

 

[1] El kirchnerismo, obvio, también cometió sus errores. Quien suscribe, sin embargo, cree que pesa más en la balanza el rol de los medios de comunicación que algunos errores propios que, si los analizamos, también tienen que ver con el rol de los medios de comunicación (la instalación de Scioli como candidato «natural» en 2015, o la campaña de Cristina en 2017, por ejemplo). Tampoco son menospreciables las traiciones.

Política de Estado

Arte: El Cape (Facebook: El Cape), «Un nudo en el pecho»

 

Hace cuatro días apareció un cuerpo en el río Chubut. Hoy sabemos que es Santiago Maldonado. Apareció 300 a metros de donde la Gendarmería reprimió a un grupo de Mapuches hace 80 días que protestaban porque un magnate extranjero le roba las tierras. Apareció 300 metros río arriba, contracorriente. En esa zona hubo al menos dos rastrillajes previos en los que no encontraron nada, por lo que se deduce que el cuerpo fue puesto ahí horas antes de que se hiciera el último rastrillaje del martes pasado.

Sin esperar, los medios fantasiosos que sostienen la dictablanda de Macri, dijeron que era Santiago Maldonado. Comenzaron también a deslizar que podría haber sido puesto ahí por los mapuches. Después de haber mentido sistemáticamente sobre el paradero de Santiago Maldonado, de haber elucubrado teorías delirantes sobre la pertenencia a un grupo guerrillero llamado RAM, de asegurar que estaba escondido para embarrar la cancha electoral, que era familiar de Cristina, que estaba en Chile (o en Europa, con otros desaparecidos), que lo había matado cualquiera, que nunca había estado en la ruta 40, después de todas esas mentiras fueron esos medios los que se apuraron a dar «la noticia más esperada»: que Santiago Maldonado estaba muerto. Mientras tanto instalaron no sólo la idea de que no era una desaparición forzada (es decir, que el Estado no era responsable de lo que había pasado con Santiago Maldonado), sino que había dos posiciones posibles respecto del caso: o uno es un negro kirchnerista y opina que a Santiago lo desapareció Gendarmería, o uno es un rubio republicano antikirchnerista y opina que lo mataron los mapuches, que estaba en Chile, que estaba escondido, o cualquier cosa que no sea la desaparición forzada.

En estos ochenta días, desde el gobierno y desde los medios de comunicación de Magnetto, sólo se dedicaron a generar odio. Como en todo gobierno de derecha, la utilización del miedo y del odio está a la orden del día. Ese veneno servía para desviar la cuestión: ¿a quién le convenía que Santiago Maldonado estuviera desaparecido? ¿Quién se beneficia con esto? Sólo una mente perversa puede hacerse esas preguntas frente al dolor de una familia que busca, frente a un país que se enfrenta con su historia más oscura. Hace no mucho instalaron que se hacía política con los desaparecidos. Para la derecha, todo lo que es política es malo, y tratar de hacer justicia es hacer política. Con esta estrategia de la paranoia y del odio impusieron la idea de que había que tomar opción frente a la desaparición forzada de Santiago Maldonado, de que ahí también estaba la famosa «grieta». Lo que no dijeron es que las opciones son democracia o dictadura. Esto no se trata de beneficios políticos: se trata de la vida de una persona que fue apresada por una institución del Estado que la desapareció y la asesinó. Las consecuencias políticas y electorales de esta desaparición forzada sólo son efecto de las decisiones políticas tomadas por el gobierno nacional.

Los que venían a unir a los argentinos, no hacen más que desunirlos. Los que venían a defender las instituciones, se limpian el culo sucio con las leyes y la constitución. Cualquier similitud con la Dictadura cívico militar, es parte de su política de Estado.

Mientras tanto una familia sufría la estrategia perversa de Magnetto y sus lacayos que decían encontrar a Santiago en todos lados. Mientras tanto el país revive las páginas más oscuras de su historia. Mientras tanto, un gobierno mintiendo, ocultando, desligándose, instalando la duda, riéndose. Mientras tanto despertaron el odio en muchos argentinos que se hicieron eco de la perversión mediática y gubernamental. Y ahí está la grieta. La grieta es democracia o dictadura. La grieta es vida o muerte. Lo que nos separa del lado Magnetto de la vida es la perversión, el odio. Lo que nos separa es memoria, verdad y justicia.

Ahora nuestra voz se levanta pidiendo memoria, verdad y justicia para Santiago Maldonado y castigo a los culpables. No olvidamos ni perdonamos. Nos acusarán de muchas cosas los profetas del odio y sus seguidores, los perversos que huelen a podrido como todo lo que sale de su boca. Podrán acusarnos de todo, señalarnos, insultarnos, pero no dejaremos de exigir justicia por Santiago. Por la familia, por nuestra historia, por nuestra dignidad, porque queremos vivir en un país en el que Nunca Más haya desaparecidos y presos políticos.

Periodismo fantástico: de la información a la ficción

Arte: El Cape (Facebook: EL CAPE).

La realidad imita al arte.
Oscar Wilde

El mundo será Tlön.
Jorge Luis Borges

 

No es la primera vez que los géneros se entremezclan, se cruzan, se renuevan. Hace 60 años Rodolfo Walsh escribía Operación Masacre e inventaba el género que 12 años más tarde se le adjudicaría a Truman Capote: el nuevo periodismo, o non fiction. Hoy, en las antípodas de Walsh, se reinventa el periodismo en un nuevo género, el periodismo fantástico.

Hace tiempo que asistimos a una involución del periodismo, basada en la mentira y la manipulación. Esto no se contrapone a un supuesto «objetivismo», tan ilusorio como falso. La realidad no es plana, no tiene una sola forma de ser mirada, y cada sujeto la mira desde un lugar, desde una historia. No pregonamos el «objetivismo», sino que creemos que el periodismo se debe dedicar a informar desde la verdad y desde una posición clara a sus lectores. El periodismo fantástico no escapa a la triste realidad del periodismo en la Argentina y en el mundo, pero tiene la particularidad de mezclarse con un género que fue cultivado otrora por Borges, Cortázar y Abelardo Castillo, entre otros.

A grandes rasgos, en el fantástico tradicional, algo irrumpe en el mundo «real» para modificar el orden. Este hecho fantástico genera una duda, que es la clave del fantástico. Esa duda oscila entre la explicación realista y la explicación maravillosa del hecho fantástico, es decir, entre una explicación racional, según las reglas del mundo «real», y una explicación maravillosa, en la que las reglas del mundo son otras que no pertenecen al mundo «real». Si la duda no se resuelve, estamos ante cuento fantástico.

En los 50 y los 60, algunos autores de cuentos fantásticos en Argentina le dan un giro al género que lo separa del fantástico tradicional originado en el siglo XIX. Este nuevo fantástico tiene puntos en común con el realismo mágico de García Márquez y el real maravilloso de Carpentier. Esta variante radica en que la duda queda en el lector, y no en el cuento. Las reglas del mundo «real» no se modifican, pero ocurren hechos que pertenecen a otro mundo, con otras reglas. Cortázar lo explicaría aduciendo que esto se produce por el entrecruzamiento de distintos planos de la realidad. Abelardo Castillo hablaría de la existencia de «mundos reales». Bastaría recordar «El otro cielo», el cuento de Cortázar en el que el protagonista entra a una galería en Buenos Aires y sale en París. Nunca en el cuento se plantea la duda con respecto a este hecho, sino que se lo naturaliza. Sólo el lector sabe que eso no es «real». ¿O puede ser real? En el cuento «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» Borges habla de una enciclopedia de un mundo ficticio, Tlön, que buscan con Bioy Casares. Al final, en una posdata fechada en el futuro (el cuento se publica en La Nación en 1940 y la posdata es de 1952) se dice que el mundo de la enciclopedia está invadiendo el mundo «real»: «El mundo será Tlön». ¿Es posible que el mundo ficticio de una enciclopedia invada el mundo que conocemos? ¿Ese es el futuro que les espera a los lectores de 1940? Es notorio que el cuento se haya publicado por primera vez en un diario.

El periodismo fantástico es la renovación del periodismo manipulador y mentiroso. Lo que antes eran titulares falsos –nunca desmentidos, por otra parte–, han evolucionado en un género de ficción. Ya no basta con mentir o tergiversar: hay que inventar la realidad, hay que hacer una ficción que se parezca a la realidad. Pero nadie nos avisó que ahora estamos leyendo ficción en vez de información, que se han transformado en revistas literarias. Ahí es donde radica el efecto fantástico de los cuentos de Borges, de Cortázar, de Clarín y de La Nación.

Como ejemplo basta con la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Los hechos según los testigos, serían los siguientes: Santiago Maldonado llega desde el Bolsón; participa del corte de la ruta 40 junto con los Mapuches; el día 1 de agosto la Gendarmería Nacional despeja la ruta reprimiendo a balazos a las personas que estaban cortándola, y persigue a siete hombres hasta un río (excediendo la orden de desalojo), que cruzan seis, todos menos Santiago Maldonado –que no sabía nadar–, y que es capturado por efectivos de Gendarmería, subido a un móvil y de ahí trasladado a un unimog; a partir de este momento no se sabe más nada de él. El Estado, a través de Patricia Bullrich, negó haberlo capturado, y se dedicó a poner obstáculos a la investigación que, tardíamente, comenzó. La carátula de la causa cambió hace unos días al de «desaparición forzada», lo cual implica, según los pactos internacionales a los cuales adhirió la Argentina y que tienen rango constitucional, Santiago Maldonado fue privado de su libertad por agentes del Estado, seguido de la negativa a reconocer dicha privación o a facilitar información sobre su paradero. Aquí radica una sustancial diferencia con el caso de Julio López: mientras que a Santiago Maldonado lo desapareció el Estado, a Julio López no.

Sin embargo, esto no fue lo que apareció en diarios o canales de televisión del grupo Clarín y de otros medios afines. Todo lo contrario: se apeló al periodismo fantástico. Después de la mentira de que Santiago Maldonado estaba en Entre Ríos, comprando en una estación de servicio acompañado por una mujer, siguió un delirio digno de Macondo: «Hay un barrio de Gualeguaychú en donde todos se parecen a Santiago» (Fuente: Clarín 11/08/17, consultado el 30/08/17, https://www.clarin.com/sociedad/barrio-gualeguaychu-parecen-santiago_0_BkwDlOcDb.html). Si bien esto parece de otro mundo, se instala la duda de si entre todos aquellos que se parecen a Maldonado, no estará Maldonado.

Días más tarde comenzó la demonización de los Mapuches. El 13 de agosto titula el diario La Nación: «RAM: El grupo mapuche que, en las sombras, tiene en vilo a la Patagonia» (Fuente: La Nación 13/08/17, consultado el 30/08/17, http://www.lanacion.com.ar/2052673-ram-el-grupo-mapuche-que-en-las-sombras-tiene-en-vilo-a-la-patagonia). Nótese dos elementos del título: «en las sombras», es decir, que es difícil de percibir, que está en la oscuridad, que está detrás, oculto; y que la Patagonia está en vilo, territorio que siempre ha sido motivo de preocupación, que siempre ha sido preciado por extranjeros y extraños a la Argentina. Esto parece sacado del manual de Medio Oriente: son terroristas que se quieren apropiar del territorio por la fuerza. Según La Nación, estos terroristas no respetan ni a los de su propia etnia, a los que intentan someter a su causa de cualquier manera. En esa sintonía, Perfil asegura que los mapuches están en guerra con Chile y con Argentina: «Un grupo mapuche le declaró la “guerra” a la Argentina y Chile» (Fuente: Perfil, consultado el 30/08/17, http://www.perfil.com/sociedad/un-grupo-mapuche-le-declaro-la-guerra-a-la-argentina-y-chile-1113-0031.phtml). ¿Es posible que un grupo extremista esté en guerra con la civilización occidental y cristiana por cuestiones religiosas y territoriales? Hace dos días nomás, Clarín tituló: «La justicia ya registró más de 70 actos violentos de la Resistencia Ancestral Mapuche» (Fuente: Clarín 28/08/17, consultado el 30/08/17 https://www.clarin.com/politica/justicia-registro-70-actos-violentos-resistencia-ancestral-mapuche_0_BJinDbGFW.html).

Después de poner en duda que Santiago Maldonado esté en manos de la Gendarmería ubicándolo en diversos lugares del país (Entre Ríos, Salta, Mendoza) y en el exterior (Chile), comenzaron a poner en duda quién fue el autor de la desaparición (o de la muerte): primero alguien dijo haberlo apuñalado («Caso Santiago Maldonado: la denuncia que llevó Patricia Bullrich al Senado y se evalúa como “nueva hipótesis”», fuente Infobae del 16/08/17, consultado el 30/08/17 http://www.infobae.com/politica/2017/08/16/caso-santaigo-maldonado-la-denuncia-que-llevo-patricia-bullrich-al-senado-y-se-evalua-como-nueva-hipotesis/), y luego se hicieron la pregunta clave: ¿y si a Santiago Maldonado lo mataron los Mapuches? (dichos de Francisco Olivera en el canal de La Nación, Fuente https://www.youtube.com/watch?v=L4X2Yb783Ic). ¿Acaso un grupo terrorista que pelea contra los argentinos no podría asesinar a un argentino como Santiago Maldonado? Queda instalada la duda, y eso es suficiente.

Sin embargo, al estar lejos de las calidades borgeanas y cebados por la impunidad de la mentira y por la motivación de la manipulación a favor de sus intereses, llegan a extremos que rozan lo burdo, lo patético y lo estúpido. El 26 de agosto pasado, Lanata publica en Clarín un pequeño relato digno de la peor literatura fantástica: «Un grupo de militantes “sensibles”, con toda la cuota de violencia» (Fuente: Clarín 26/08/17, consultado el 30/08/17, https://www.clarin.com/opinion/grupo-militantes-sensibles-toda-cuota-violencia_0_BkUu1ER_Z.html). Vamos a citar dos párrafos de este delirio catártico que ni siquiera pasó por un corrector de estilo para hacerlo un poco más digerible. El comienzo de la columna es el siguiente: «La receta no puede ser peor: setentistas que creen que la guerra sigue, un viejo proyecto K de entregar parques nacionales a los indios, mapuches que debaten su pasaporte entre Argentina y Chile, aparición de nuevos corredores de droga en la Cordillera. Y el público: un encantador grupo de militantes sensibles de pelo enrulado que luchan para declarar Mapucheland como estado independiente y volver a vivir como en el siglo XVIII». El cóctel es completo: teoría de los dos demonios (como la ministra Bullrich el sábado en la mesa de Rosa María Juana Martínez Suárez, como para decir que no está guionado), kirchnerismo (el origen de todos los males), duda de su nacionalidad (son chilenos, son los que nos quieren robar la Patagonia), drogas (como las FARC, que financian a la RAM: «Denuncian vínculos de grupos mapuches con las FARC», Fuente Perfil 08/01/17, consultado 30/08/17 http://www.perfil.com/elobservador/denuncian-vinculos-de-grupos-mapuches-con-las-farc.phtml), y la dicotomía pasado-futuro entre los Mapuches que quieren vivir en el siglo XVIII y los argentinos que queremos vivir en el siglo XXI, y que no es más que otro capítulo de la célebre y transversal dicotomía sarmientina «civilización o barbarie». Pero cuidado, advierte el narrador, que los Mapuches no están solos: «Facundo Jones Huala, 31 años, hoy preso en Neuquén, es uno de los ideólogos del grupo. Según el Ministerio de Seguridad la RAM mantiene reuniones cotidianas con la Cámpora y la Universidad de las Madres, y recibe financiamiento y apoyo logístico de las FARC colombianas y grupos extremistas kurdos de Turquia [sic]». Enumeremos entonces los gatos que están en la bolsa: los Mapuches, la Cámpora, las Madres de Plaza de Mayo, las FARC y los extremistas kurdos. Y, claro, Santiago Maldonado. Extrañamente, no hay ningún venezolano ni un cubano, aunque esos podrían estar infiltrados en las FARC, no lo sabemos.

Es tan burda la ficción que parece increíble que a Clarín se lo siga llamando «diario» y no «revista literaria», aunque su calidad es tan pobre que esta calificación también le queda grande. Lo más lógico sería que lo imprimieran en papel higiénico, lo que permitiría darle una mejor utilidad a las pobres ficciones que publican.

Pero Clarín sigue pareciendo un diario, y en los diarios está la información, la verdad, la realidad, la objetividad. Son periodistas, son la reserva moral contra el resto de las instituciones que están podridas. Desde ese lugar nos quieren convertir en Quijotes, aunque ni siquiera el andante caballero de Cervantes sería capaz en su locura de creer que los delirios de Lanata y del resto de los lacayos de Magnetto (incluido Macri y sus ministros) son la realidad. ¿O hay Quijotes dando vueltas? ¿Hay Quijotes que leen Clarín y creen que esa es la realidad? ¿Saldrán montados en su Rocinante a enfrentar mapuches que trafican droga, tienen armas y hacen atentados terroristas? ¿Serán capaces de correrse la visera del precario casco ante las Madres de Plaza de Mayo para decirles que son terroristas, corruptas, como los guerrilleros que fueron sus hijos? ¿Estarán enamorados de María Eugenia como si fuera su Dulcinea del Toboso? Don Quijote crea un mundo ficticio basado en sus hartas lecturas de novelas de caballerías; tal vez de tanto leer Clarín, de tanta duda generada, podrán algunos apropiarse del mundo ficticio que les proponen. No quiero pensar que, como don Quijote al final de la primera parte, los lectores de Clarín están encerrados en una jaula, engañados gracias a su propia locura, esta vez por el periodismo fantástico, que está más cerca de la mala literatura que de la realidad.

Mientras tanto la Gendarmería sigue operando como el grupo de tareas del gobierno: modifica la hora de la muerte de Nisman (que en cualquier momento se transforma en un homenaje a Edgar Allan Poe y terminan contándonos que un comando venezolano-iraní encabezado por Cristina Fernández de Kirchner en persona entró y «suicidó» al fiscal fiestero, para luego salir atravesando las paredes, cruzando el espejo, o por un ventiluz como el gorila de «Los crímenes de la rue morgue»), y reprime a un grupo de padres y estudiantes de una escuela media de la provincia de Buenos Aires que protestaban porque a causa de la lluvia se habían formado unas mini Cataratas del Iguazú en las aulas.

Mientras tanto Santiago Maldonado sigue desaparecido, y el Estado nada aclara de su paradero y de su responsabilidad. Mientras tanto, la familia espera que vuelva Santiago Maldonado. Todos esperamos que vuelva Santiago Maldonado. Y que con él vuelva la democracia.

Lo mismo que vota Cristina

Soy kirchnerista de la segunda hora. En mi casa no somos peronistas. Yo vengo de una izquierda que renegó de la ceguera histórica de los partidos de izquierda. Vengo de una tradición de pesimistas que nunca íbamos a votar un proyecto emancipador y revolucionario.

Soy kirchnerista de la segunda hora. Para cuando cumplí 18 años y me tocó votar por primera vez, no voté al Frente Para la Victoria. Voté a tipos que se bandearon 6 meses después, y se fueron exactamente para el otro lado al que me fui yo. Los voté porque eran algo parecido a lo que quería, porque no quería que ganen otros, porque no había a quién votar.

Soy kirchnerista de la segunda hora. De la hora más peluda, pero también la más clara. Del momento en que la oligarquía golpista, los medios concentrados, la oposición oportunista, los empleados de las corporaciones, se pusieron en contra de “la Yegua”. Y ahí me hice yegüista. Ahí, en el momento más peludo, en el que Cristina no reculó, como hubiese hecho cualquiera, como habían hecho muchos que eran piolas, y avanzó. Avanzó con todo. Profundizó. Y yo (con la ayuda imprescindible de mis compañeros de aquellos años y de estos, de mis amigos, de la banda de siempre) entendí que no se trataba de partidos, sino de proyectos.

Soy kirchnerista de la segunda hora porque Cristina me hizo entender que esto no es una cuestión de partidos, de nombres, de caras, sino de ideas. De las ideas que levantamos todos los que queremos un país para todos y no para las corporaciones. Porque Menem es, ante todo, un vendepatria. Un empleado de los empresarios de afuera y de adentro, del imperio. Y Macri no necesita estar en el PJ para ser lo mismo. Y Sanz y Carrió son radicales pero son lo mismo que Macri. Y Massa y De La Sota dicen ser peronistas, pero no se parecen a Cristina, que es peronista.

Soy kirchnerista de la segunda hora por las jubilaciones y los aumentos por ley, por Aerolíneas, por FAdeA, por la Ley de Medios, por la estatización de las AFJP, por haber mandado al carajo al ALCA, por haberse abrazado a Chávez, a Evo, a Correa, a Lula y Dilma, y no a Bush o a Obama, por Conectar Igualdad, por YPF, por las rutas, por los Ferrocarriles, por la reestructuración de la deuda, por pelear mano a mano con los buitres y no aflojar nunca, por reivindicar nuestra soberanía de Malvinas en todos lados, por la TDA, por Fútbol Para Todos, por el CCK, por las leyes para los actores y los músicos, por el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. Por la AUH, que es revolucionaria (acá espero a los progres tibios que se ofenden).

Soy kirchnerista de la segunda hora por todo lo que hicimos, pero sobre todo por todo lo que falta. Porque sólo este proyecto político que lidera Cristina Fernandez de Kirchner va a permitirnos seguir construyendo una Patria para todas y todos.

Por eso, como dijo un amigo y compañero, el domingo voto lo mismo que vota Cristina.

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